domingo, 20 de enero de 2008

Para subir al cielo no hace falta morir

Bueno. ¡Por fin me tocó a mi! Nada como estar abrazado a las diosas del Olimpo. Después de una vida de sacrificio, sirviendo al Santo Padre desde mi humilde sacerdocio en las oscuridades de mi monasterio, obtuve mi merecida recompensa. Fue una gran alegría poder reecontrarme con Sandra después de tantos años, y conocer a Gary. El tobillo hinchado no fue impedimento para un hermoso reencuentro, que había quedado postergado por mi falta sin aviso a la reunión en casa de Leonor. A Sandra también le gusta cantar, así que quedó incorporada definitamente al coro del 67. Saludos, Julio.

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